sábado, 14 de junio de 2014

Inocentes, al menos la mitad de presos del país... Patishtán

Inocentes, al menos la mitad de los presos del país
Las autoridades son inflexibles, sin conciencia, subraya
El Poder Judicial existe para aplicar la ley, pero no la justicia. Buscan a alguien que pague el delito, no al que lo cometió, expresa el maestro tzotzil, quien fue recluido 13 años de manera injusta. Excarcelado la semana pasada, el docente no tiene duda: Parece imposible cambiar las cosas, pero se debe poder
Foto


El penal de máxima seguridad de Guasave, Sinaloa, es el

cementerio de los vivos. Encierro toda la semana, con una

hora al aire libre. 

Prohibido hablar, muerto todo, afirma Patishtán durante la 

charla, que se llevó a cabo en el centro de la delegación 

Coyoacán, en la ciudad de México



Foto María Luisa Severiano

Periódico La Jornada

Lunes 4 de noviembre de 2013, p. 7


Mirando hacia adelante, más con el corazón que con sus 

ojos, que han perdido gradualmente la visión debido a un

tumor cerebral, el maestro Alberto Patishtán, liberado 

luego de 13 años de prisión injusta, mide las grandes tareas 


que aún están pendientes para sanear el sistema judicial y 

evitar que, como él calcula, sigan encarcelados al menos la 

mitad de los presos en todas las cárceles del país, que sólo 

están de pilón, acusados sin pruebas, inocentes pagando 

los delitos de otros por la ceguera de las autoridades.


En entrevista con La Jornada, habla de los reos que 

conoció en los penales por donde pasó su primera juventud:


¿Cómo me voy a olvidar de ellos si yo mismo viví la cárcel

 injusta?

Como el caso de Alejandro Díaz Santiz, tzotzil como él, de 

Mitontic, quien lleva 15 años y le faltan otros 15 en el 


Cereso 5, de San Cristóbal. Fue detenido y juzgado en

Veracruz, acusado de haber matado a su propio hijo. 

Díaz sostiene su inocencia y señala a otro como el 

homicida, pero su declaración no fue tomada en cuenta

Tuvo traductor, pero náhuatl. Y dicen que su juicio fue justo.

 ¡Qué mentira! Casi un Gandhi por su discurso no violento y 

su espiritualidad, a sus 42 años Patishtán insiste  en la 

entrevista: “Parece imposible cambiar las cosas, pero se 

debe poder. La autoridad habla de justicia y democracia y 


todas esas cosas, pero no es así. Si ellos dejaran toda la 

ambición que tienen, si limpiaran su mente y tuvieran 

consciencia de verdad… yo les prestaría mis ojos para que 

pudieran ver el fondo de las cosas. Creo que sería 

diferente”.


–¿Qué propone?


–Quisiera apoyar a mucha gente. Pero creo que la tarea 

principal es que el propio preso comience a gritar desde 


donde está. Porque si no se identifican, si no dan a conocer 

sus nombres, no se va a hacer la conexión con la gente que 


quiere apoyar desde afuera.


Y siempre, la perseverancia. Haiga calor, haiga frío, haiga 

hambre o no, acompañado o sin compañía, siempre hay 

que tener perseverancia.


Que no se repita la misma historia 


Indígena tzotzil, maestro para más señas, adherente de un 

movimiento de resistencia, le cayó encima la fabricación de 

pruebas del homicidio de siete policías estatales en 2000, 

en una comunidad remota en Los Altos de Chiapas. 


Sentenciado a 60 años de prisión, Patishtán era candidato 

ideal para permanecer tras las rejas hasta el fin de su vida. 



En lugar de eso se convirtió en el rostro de un amplio 

movimiento de solidaridad que empezó con un pequeño 

colectivo, el Ik, el cual creció hasta incorporar a las 

organizaciones de derechos humanos de México y el 

mundo con alguna presencia en el tema indígena.


–Usted decía que si acaso es un símbolo, lo es de lo que 

falta por hacer. ¿Qué falta?


–La gente puede decir ahorita no pues ya terminamos, ya 

salió Patishtán y tan tan. No, falta mucho por hacer, para 

que no se repita la misma historia. Eso ya no lo vamos a 

permitir. Hay muchos compañeros presos que merecen salir 

y que no salen. Ya vimos que la autoridad es inflexible, sin 

conciencia.


“Cuando uno entra a una cárcel, le dicen: aquí se acabó el 

derecho. Pero si uno, aun estando preso, mantiene esa 

liberación propia, puede hacer muchas cosas. El Poder 

Judicial existe para aplicar la ley, pero no la justicia; ellos 

buscan a alguien que pague el delito, no al que lo cometió.


“Cuando me detuvieron les decía que usaran los avances 

tecnológicos, que nos pusieran un detector de mentiras a 

mí y al que me acusaba. Yo ni sabía si existían ese tipo de 

aparatos o no, pero lo decía. Pero ni caso…”

Fue un preso indomable. Desde el primer momento, en

 Cerro Hueco, Tuxtla Gutiérrez, organizó a los presos en La

 voz de la dignidad rebelde. Para desarticular su trabajo lo

 trasladaron al penal de El Amate, en Cintalapa, donde creó 

La voz del Amate. Por eso lo enviaron a un penal federal, 

en, Sinaloa.




Patishtán llama a esa cárcel el cementerio de los vivos, el 

único penal que conozco sin atención de salud. Encierro 

toda la semana, con una hora al aire libre, ni un reloj, 


prohibido hablar, muerto todo. Hasta aprendí el lenguaje a 

señas de los sordomudos.




–Ahí ya no pudo organizar a los presos...





–Sí pude, en corto, nada más en mi celda, con mis


 compañeros. Les contaba cuentitos con  moralejas, porque 

muchos ya se querían morir. Y les cantaba.


Es, qué duda cabe, un hombre que mira la adversidad de 

manera diferente.



“Pues sí, es lo que me enseñaron mis abuelos, Mariano y 

Andrea del lado materno y Lorenzo y  María, ya finada, del 

lado paterno. Me enseñaron que hay que saber escuchar 

más que  hablar. Por eso tenemos dos oídos y una sola


boca. Para escuchar mucho y hablar poco.




“Me decían que hablara las cosas como son, para no 


perder credibilidad, porque si no nadie  va a confiar. Y me 



enseñaron a poner atención a la naturaleza. ¿Cuándo hay 


que cortar en el árbol para la choza? Si se corta en luna 


creciente no funciona, sólo en luna llena no se  mete la 

polilla. Y cuando las hormigas arrieras andan de prisa


acarreando su alimento, es que esa misma semana va a 

llover. Y cuando el pájaro tzuntzerek cambia su forma de 

jilguerear,  así como en segunda voz, está avisando de que 

algo va a pasar. Y si pasa, quién sabe si por  coincidencia o 

diosidencia 

…”
–¿Cómo le valieron esas enseñanzas en la cárcel?


–Podía ver al fondo de las cosas, trascender lo que se ve en

 la superficie.


El zapatismo y el maestro 


Tenía 23 años cuando el levantamiento zapatista. Él ya 


andaba luchando, simpatizando con los compas, 


entendiendo que si la gente se levantó fue por la opresión, 

por el caciquismo participó en la creación del Movimiento 

del Pueblo de El Bosque y del municipio autónomo San  

Juan de la Libertad, desmantelado violentamente durante el 

gobierno de Roberto Albores 


Guillén, en 1998, con una masacre.





“Mi pueblo, El Bosque –dice–, no es tan grande. Tampoco 

tan chico, pero con mucha marginación. Los presidentes 

municipales gobernaban como  si estuvieran haciendo el 


bien, pero no. Ellos siempre agarran su piscui, su pequeño 

robo, de los recursos de la gente.”



En 2000, cuando ocurrió la emboscada en la que murieron


siete policías estatales, el presidente municipal Manuel 

Gómez acusó en falso a Patishtán y otros compañeros.


–¿Qué pasó entonces en El Bosque?


–Las semillas que regalé a cada uno, pues las hicieron 


producir...



–¿Cómo es eso de ser cargador de semilla?


–La semilla me la da un hombre muy conocido... mi Dios. 


Me da esas semillas y yo no las cargo, sino que tengo que 

compartir. Y ahí está el fruto, el Movimiento del Pueblo de 

El Bosque, que se mantiene firme, siempre hablando con la

 verdad. No exige ni pide más de lo que necesita la gente, 

sino lo que merece. Pero desgraciadamente las autoridades 

no lo ven  así, no somos bien vistos. Pero mi prisión 

también hizo que la gente se solidarizara más; que la 

organización, en lugar de irse para abajo, creciera por la 

rabia, el coraje. La gente sabía que era yo inocente, y lo 

sabe.


–Es difícil contar cuántas marchas se organizaron en El 


Bosque para exigir su libertad, ¿no?


–Desde el día que me detuvieron hicieron un plantón como 


un mes, cerraron la presidencia. 





Pero luego el gobierno de Albores Guillén firmó con ellos 

una minuta para que soltaran la  presidencia y me dejaran 

libre, pero faltaron a su palabra y no me liberaron. Por eso 

siguieron marchando, a San Cristóbal, a Tuxtla, hasta a la 

ciudad de México, una pequeña comisión, por escasos 

recursos. Así los 13 años, hasta apenas hace pocos días.


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